
ISSN-e: 2697-3650
Per
Â
ıodo: enero-abril, 2026
Revista Minerva
Vol. 7, N
Â
umero 19. (pp. 74-84)
II. MARCO TE
Â
ORICO
En el
´
ambito de la psicolog
´
ıa educativa, los estados emocionales se conciben como experiencias
afectivas que emergen en interacci
´
on con las demandas, metas y evaluaciones propias del contexto
de aprendizaje. En la educaci
´
on superior, estas experiencias adquieren particular relevancia debido a
la elevada carga cognitiva, la presi
´
on por el rendimiento y la centralidad de los proc esos evaluativos.
Diversos enfoques coinciden en que las emo ciones inĆuyen de manera directa sobre la atenci
´
on, la
memoria, la toma de decisiones y la persistencia acad
´
emica, conĄgur
´
andose como un componente
funcional del aprendizaje y no como un elemento accesorio del mismo [
8].
Uno de los marcos explicativos m
´
as inĆuyentes para comprender la relaci
´
on entre emoci
´
on y
rendimiento acad
´
emico es la teor
´
ıa controlŰvalor de las emociones acad
´
emicas, la cual sostiene que
las emociones experimentadas por los estudiantes dependen de la percepci
´
on de control sobre las ac-
tividades acad
´
emicas y del valor que se atribuye a dichas tareas o a sus resultados. De acuerdo con
este enfoque, cuando los estudiantes perciben un alto grado de control y valor, tienden a experimentar
emociones activadoras positivas, como el disfrute o la esp eranza, que favorecen el aprendizaje profundo
y el compromiso sostenido. Por el contrario, combinaciones de alto valor y bajo control suelen generar
ansiedad, mientras que la baja valoraci
´
on de las tareas se asocia con emociones desactivadoras como
el aburrimiento, con efectos adversos sobre el desempe
˜
no acad
´
emico [9].
La inĆuencia de los estados emocionales sobre el rendimiento no se produce de forma autom
´
atica,
sino que est
´
a me diada por los procesos de regulaci
´
on em ocional, entendidos como los mecanismos
mediante los cuales los individuos modulan la intensidad, duraci
´
on y expresi
´
on de sus emociones. En el
contexto universitario, estrategias como la reevaluaci
´
on cognitiva han mostrado asociaciones positivas
con el ajuste acad
´
emico y el bienestar, mientras que la supresi
´
on emocional suele implicar costos
cognitivos que interĄeren con la concentraci
´
on y el procesamiento de la informaci
´
on. En este sentido,
la capacidad de regular eĄcazmente las emociones se convierten en un factor clave para comprender
por qu
´
e estados emocionales similares pueden derivar en resultados acad
´
emicos distintos [
10].
Desde una perspectiva motivacional, la teor
´
ıa de la autodeterminaci
´
on aporta un marco s
´
olido para
analizar la relaci
´
on entre emociones, motivaci
´
on y rendimiento acad
´
emico. Este enfoque postula que
el funcionamiento
´
optimo y el bienestar dep enden de la satisfacci
´
on de tres necesidades psicol
´
ogicas
b
´
asicas: autonom
´
ıa, competencia y relaci
´
on. Cuando los entornos educativos universitarios favorecen
estas necesidades mediante pr
´
acticas pedag
´
ogicas de apoyo, retroalimentaci
´
on constructiva y sentido de
pertenencia, se promueve la motivaci
´
on aut
´
onoma y se generan estados emocionales m
´
as adaptativos
para el aprendizaje. En contraste, contextos percibidos como controladores o carentes de apoyo tienden
a intensiĄcar emociones negativas, como la ansiedad o la frustraci
´
on, y a debilitar el compromiso
acad
´
emico [
11].
La relaci
´
on entre estados emocionales y rendimiento acad
´
emico ha sido ampliamente documen-
tada por la evidencia emp
´
ırica. Estudios de s
´
ıntesis, como revisiones sistem
´
aticas y metaan
´
alisis, han
mostrado que variables psicol
´
ogicas tales como la autoeĄcacia, la motivaci
´
on y los estados emocionales
presentan asociaciones signiĄcativas con el desempe
˜
no acad
´
emico universitario. En particular, se ha
identiĄcado que la autoeĄcacia acad
´
emica act
´
ua como uno de los predictores psicol
´
ogicos m
´
as robustos
del rendimiento, al inĆuir tanto en la regulaci
´
on emocional como en la persistencia ante las diĄcultades
acad
´
emicas [12].
Entre los estados emocionales con mayor impacto negativo sobre el rendimiento se encuentra la
ansiedad acad
´
emica, especialmente en su manifestaci
´
on como ansiedad ante los ex
´
amenes. Este con-
structo ha sido conceptualizado como un fen
´
omeno multidimensional que incluye componentes cog-
nitivos, afectivos y Ąsiol
´
ogicos, los cuales interĄeren con el uso eĄciente de los recursos cognitivos
durante las evaluaciones. La preocupaci
´
on excesiva y la activaci
´
on Ąsiol
´
ogica elevada pueden reducir la
capacidad de concentraci
´
on y afectar la memoria de trabajo, traduci
´
endose en un desempe
˜
no inferior
al esperado, incluso en estudiantes con niveles adecuados de conocimiento [
13].
En el marco de la educaci
´
on superior, los estados emocionales tambi
´
en se vinculan con el compromiso
acad
´
emico y el agotamiento emocional. El compromiso se caracteriza por altos niveles de energ
´
ıa,
dedicaci
´
on y absorci
´
on en las tareas acad
´
emicas, y ha sido conceptualizado como el polo opuesto
del burnout. Desde el modelo demandasŰrecursos, se plantea que el equilibrio entre las exigencias
acad
´
emicas y los recursos p ersonales y contextuales determina trayectorias diferenciadas de ajuste,
Sierra M. et al. Estados emocionales y rendimiento acadÂemico en la educaciÂon superior
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