
ISSN-e: 2697-3650
Per
Â
ıodo: enero-abril, 2026
Revista Minerva
Vol. 7, N
Â
umero 19. (pp. 96-103)
I. INTRODUCCI
Â
ON
La resiliencia infantil se ha consolidado como un eje central en la psicolog
´
ıa del desarrollo, espe-
cialmente en contextos marcados por la inseguridad econ
´
omica, la adversidad emocional y la fragilidad
de los v
´
ınculos afectivos. Este constructo, comprendido como la capacidad de adaptaci
´
on positiva ante
la adversidad, ha sido vinculado al desarrollo integral y a la prevenci
´
on de problemas psicosociales [
1],
[
2], [3]. Las investigaciones recientes subrayan la necesidad de identiĄcar factores protectores que op-
eren a nivel individual, familiar y comunitario, con el Ąn de orientar pol
´
ıticas p
´
ublicas sostenibles que
garanticen el bienestar infantil [
4], [5].
Entre los recursos personales m
´
as inĆuyentes, destaca el autocontrol emocional como modulador
clave del ajuste psicol
´
ogico. Esta capacidad, al ser fortalecida por contextos afectivos seguros y es-
tructuras familiares consistentes, muestra asociaciones directas con una mayor estabilidad conductual y
menor incidencia de trastornos emocionales [
6], [7], [8]. En particular, la presencia de v
´
ınculos positivos
con cuidadores, acompa
˜
nada de pr
´
acticas parentales sensibles, ha demostrado ser un factor decisivo en
la construcci
´
on de trayectorias resilientes [9], [3].
El lazo temprano con Ąguras de apego tambi
´
en ha sido identiĄcado como un predictor relevante
de adaptaci
´
on saludable. Evidencia longitudinal ha permitido observar c
´
omo los patrones de internal-
izaci
´
on de problemas pueden establecerse desde edades muy tempranas, subrayando la importancia de
intervenciones preventivas focalizadas [
2], [10]. En este sentido, el seguimiento cl
´
ınico desde la infancia
se considera estrat
´
egico para anticipar y mitigar consecuencias adversas en el desarrollo socioemocional
[
1], [11].
Las experiencias positivas en la ni
˜
nez, com
´
unmente denominadas BCEs (por sus siglas en ingl
´
es),
tales como la perce pci
´
on de seguridad, el disfrute cotidiano o la interacci
´
on afectiva con adultos de
referencia, act
´
uan como amortiguadores naturales ante el impacto de situaciones adversas. Se ha
argumentado que la promoci
´
on activa de estas experiencias mejora indicadores de salud mental y
favorece la adaptaci
´
on escolar, proponiendo modelos de evaluaci
´
on m
´
as inclusivos que integren variables
positivas junto con indicadores de riesgo [
7], [12], [13].
Adem
´
as, se ha destacado que factores internos como la actitud proactiva, la motivaci
´
on intr
´
ınseca
y el sentido de agencia potencian el desarrollo resiliente, incluso en condiciones de orfandad o pobreza
extrema [
14], [15], [16]. Estos recursos individuales pueden ser estimulados a trav
´
es de enfoques
pedag
´
ogicos sensibles al contexto y mediante redes de apoyo colectivas. En el entorno familiar, la
resiliencia del cuidador principal cumple un rol fundamental al moderar los efectos del estr
´
es econ
´
omico
y la disfunci
´
on emocional, lo cual reaĄrma la importancia de implementar programas de fortalecimiento
parental [
9], [17].
La innovaci
´
on tecnol
´
ogica ha emergido tambi
´
en como una herramienta protectora clave. Las tec-
nolog
´
ıas digitales aplicadas al monitoreo de la salud mental infantil permiten la identiĄcaci
´
on temprana
de traumas y la implementaci
´
on de intervenciones oportunas [
10], [18]. Paralelamente, programas de
transferencia condicional (CCTs) han evidenciado efectos positivos en el fortalecimiento de la resiliencia
a largo plazo, asoci
´
andose con mejores nive les de empleabilidad y bienestar subjetivo en la adultez de
quienes los recibieron durante la infancia [
15], [19]. De esta manera, la integraci
´
on comunitaria y la
cohesi
´
on social funcionan como estructuras de soporte que ampliĄcan la resiliencia infantil, reduciendo
as
´
ı las brechas sociales en contextos de exclusi
´
on [
5], [20].
II. MARCO TE
Â
ORICO
La resiliencia infantil ha sido conceptualizada como una capacidad din
´
amica que permite a los
ni
˜
nos afrontar circunstancias adversas y transformarlas en oportunidades de desarrollo adaptativo. Esta
capacidad no debe entenderse como un rasgo est
´
atico, sino como un proceso evolutivo inĆuenciado
por m
´
ultiples factores de prote cci
´
on que interact
´
uan entre s
´
ı a lo largo del tiempo [
1], [2], [3]. En
este sentido, se reconoce que los ni
˜
nos expuestos a contextos de vulnerabilidad, econ
´
omica, emocional,
social o institucional, pueden desarrollar respuestas adaptativas eĄcaces cuando cuentan con entornos
protectores adecuados [
14], [7], [9].
Diversos estudios han identiĄcado que los factores individuales, como el autocontrol, la regulaci
´
on
emocional, la autoestima y la motivaci
´
on intr
´
ınseca, desempe
˜
nan un papel crucial en la conĄguraci
´
on
Merino Irene RevisiÂon sistemÂatica sobre los determinantes de la resiliencia infantil en contextos de
vulnerabilidad
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